Djokovic escapa de Bautista



El número uno se sobrepone a la fabulosa resistencia del español (6-2, 4-6, 6-3 y 6-2, en 2h 49m) y aterriza en su sexta final de Londres, en la que se medirá al ganador del pulso entre Nadal y Federer

Se presenció lo prometido, lo esperado: un partido a cara de perro. Y escapó Novak Djokovic, pero tuvo que sudar sangre el número uno, porque hay pocos adversarios más rudos y peliagudos que Roberto Bautista, espléndido torneo el suyo y formidable resistencia en su primera semifinal de un Grand Slam. Le faltan manos y pies al serbio para contabilizar trofeos y méritos, y aun así le costó un mundo desembarcar en su sexta final de Wimbledon (6-2, 4-6, 6-3 y 6-2, en 2h 48m) porque el español le condujo hacia límites extremos. Salió del lío Nole, pero pasó un mal rato de aúpa. Eso sí, ya está donde quería, sacándole filo a la guadaña mientras espera a Rafael Nadal o Roger Federer.

Las pasó canutas Djokovic durante un buen tramo del partido, exigido de principio a fin. Ya se ha dicho: a Bautista hay que ganarle todos y cada uno de los puntos, no regala ni uno. Compite como los ángeles el castellonense y tenía mucho que ganar, de modo que planteó un ejercicio de supervivencia del que salió airoso el balcánico, no sin llevarse un buen puñado de sofocones. Lo tuvo durante un buen rato ahí Bautista, pero escapó del fango. Asistirá, pues, a su vigesimoquinta final de un grande e igualó la cifra alcanzada por Björn Borg, Jimmy Connors y Rod Laver (6) en el césped londinense.

Comenzó el pulso sobre ruedas para él, dictando y penetrando con ese revés cruzado que corta como una segadora. Para cuando uno quiere darse cuenta, el serbio (32 años) ya se ha desencajado la mandíbula y ha empezado a engullir al adversario. Así lo hizo con Bautista, pero este se vistió de Indiana Jones e interrumpió el banquete de la anaconda. Fue sacando el cuerpo y sacando el látigo, escapando y conduciendo el partido hacia ese terreno de la incomodidad del que hablaba el día anterior su técnico, Pepe Vendrell. Y si en el presente hay algún tenista del circuito que sepa enredarle en el juego y sacarle de sus casillas, ese no es otro que el castellonense.

Se le atraganta a Nole esa derecha plana y ese tenis metronómico de Bautista, pura fiabilidad sea la circunstancia que sea, siempre áspero y silencioso como un coche eléctrico. Él juega así, aparentemente sin hacer daño, pero mientras va clavando los cuchillos. Pese a la ofensiva encajada en el primer parcial, no se arrugó. Se sostuvo firme y replicó en todos los peloteos. Impresionante ese del tercer set, de 45 golpes, después de que ya hubiera equilibrado y a Djokovic se le empezase a poner mala cara. Le empezaba a hervir la sangre al serbio, tradicionalmente propenso a la combustión fácil.

Se inventaba una fórmula tras otra, del cortado al revés y del reverso al parapelo, abriéndo ángulos y barriendo líneas con el drive. Pero no había manera. ¿Cómo demonios le hinco yo el diente a este hueso? ¿Qué demonios hay que hacer para ganar un punto limpio y tener un momento mínimo de sosiego?

Entonces ya había roto un par de veces el cordaje, había afeado a la grada que hubiera aplaudido el cierre de la segunda manga porque la última bola había golpeado en la cinta, y empezaba a soltar alaridos que se podían oír hasta en Picadilly Circus. Sin embargo, adjudicarse ese kilométrico intercambio le dio la vida y aprovechó para llevarse el dedo a la oreja, con gesto retador: no os oigo, londinenses. Aquí está Djokovic. Comenzó a partir de ahí a reponerse y a contener mucho mejor la respuesta permanente de Bautista, y a este empezó a pasarle factura el esfuerzo y perdió un punto de tono.

Selló el de Belgrado el tercer set con una volea que tocó suavemente la cinta, y enfiló con decisión la recta definitiva hacia la final. Logró un break en el tercer juego del epílogo y otro en el quinto, y aterrizó en la cita del domingo con el áurea intimidatoria que le envuelve cuando está en buena forma. Hay un lobo suelto. Mientras, Bautista era despedido entre palmas por toda La Catedral, entre ellas de las de sus amigotes venidos desde Ibiza. Ahora sí, ya hay tiempo para la despedida de soltero, pero antes bien merecía la pena hacer historia y tener unos días de gloria en Wimbledon. Recordará para siempre estas dos semanas, y en Londres ya guardan una gratísima impresión de él. El rival que nadie quiere.

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