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Roter.Teufel

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De los Juegos Olímpicos al narcotráfico internacional: cae en México Ryan Wedding, uno de los fugitivos más buscados por el FBI

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Fue atleta olímpico, representó a Canadá en Salt Lake City y acabó convertido en uno de los grandes nombres del narcotráfico internacional

Ryan Wedding, de 44 años, considerado por las autoridades estadounidenses como uno de los diez fugitivos más peligrosos del FBI, ha sido detenido en México y trasladado ya a Estados Unidos, donde se enfrenta a una larga lista de cargos que incluyen tráfico masivo de cocaína, blanqueo de capitales y asesinato.

Durante años, Wedding logró mantenerse oculto bajo una identidad falsa y, según la investigación, bajo la protección del cartel de Sinaloa, uno de los grupos criminales más poderosos del continente. Su captura pone fin a una persecución internacional por la que EE.UU. ofrecía hasta 15 millones de dólares de recompensa.

Detenido en México y entregado a Estados Unidos

La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó este viernes que Wedding fue trasladado en avión desde México a territorio estadounidense tras su arresto. En un mensaje difundido en redes sociales, lo describió como “el ex snowboarder olímpico convertido en presunto capo violento de la cocaína”, subrayando que ahora afrontará la justicia federal.

Desde el FBI, su director, Kash Patel, destacó la colaboración con las autoridades mexicanas como clave para el éxito de la operación. También lo hizo el secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch, quien reveló que Wedding se entregó voluntariamente en la embajada estadounidense en Ciudad de México la noche del jueves.

Un perfil que inquieta a las agencias de seguridad

Para los investigadores, Ryan Wedding no era un narcotraficante más. Le atribuyen haber dirigido una red criminal transnacional con ingresos superiores a los 1.000 millones de dólares anuales, considerada durante años el principal proveedor de cocaína en Canadá.

No solo eso. Las autoridades creen que ordenó el asesinato de un testigo federal que colaboraba en un caso en su contra. El crimen se produjo en enero en Medellín (Colombia), cuando la víctima fue tiroteada en un restaurante. Antes, según la acusación, Wedding habría puesto precio a su localización, ofreciendo dinero a cambio de información y fotografías.

El rastro del dinero y la violencia

Las investigaciones han destapado un entramado sofisticado, con abogados, intermediarios y colaboradores repartidos por varios países. En noviembre pasado, siete ciudadanos canadienses vinculados a la organización fueron detenidos y extraditados a Estados Unidos.

Entre ellos figura un abogado acusado de facilitar servicios ilegales al clan de Wedding, cobrando supuestamente en relojes de lujo y otros bienes de alto valor. También fueron arrestadas personas implicadas en redes de prostitución de lujo, contratación de sicarios y labores de seguimiento del testigo asesinado.
Una vida de lujo que dejó demasiadas pistas

Aunque intentó pasar desapercibido, el estilo de vida de Wedding terminó delatándolo. Las autoridades mexicanas incautaron motocicletas de competición valoradas en decenas de millones de dólares, obras de arte, drogas y objetos de lujo. En Estados Unidos, el FBI confiscó un Mercedes CLK-GTR de edición limitada, tasado en unos 13 millones.

Entre los objetos intervenidos aparecieron incluso medallas olímpicas de oro, cuya procedencia sigue sin estar clara, ya que Wedding no logró ningún metal en los Juegos de Invierno de 2002, donde finalizó en el puesto 24 en snowboard.

De promesa olímpica a símbolo del crimen organizado

Ryan Wedding compitió para Canadá en Salt Lake City cuando aún era una joven promesa del deporte. Sin embargo, tras cumplir condena en una prisión federal por distribución de cocaína, salió en libertad en 2011 y, según la acusación, construyó desde entonces su imperio criminal.

Usó múltiples alias, cambió de país, tejió alianzas peligrosas y se movió durante años con la tranquilidad de quien cree estar fuera del alcance de la ley. No lo estaba.
Su caída marca uno de los golpes más relevantes contra el narcotráfico internacional en los últimos años y devuelve a primer plano una historia incómoda: cómo alguien que representó a su país en unos Juegos Olímpicos acabó encabezando una red criminal global.

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