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- Out 5, 2021
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Exteriores publica el tratado que elimina la Verja de Gibraltar y cambia el modelo fronterizo
El acuerdo garantiza la libre circulación, fija una convergencia fiscal y mantiene intacta la posición española sobre la soberanía
La frontera física que durante décadas ha sido motivo de disputa entre España y Gibraltar tiene fecha de caducidad. El tratado hecho público por el Ministerio de Asuntos Exteriores elimina todas las barreras físicas en la circulación de personas entre la Unión Europea y el Peñón y diseña un nuevo modelo de relación tras el Brexit que cambia por completo el marco jurídico y económico de la zona.
El documento, de más de mil páginas, establece un sistema inédito: Gibraltar no formará parte formalmente del espacio Schengen, pero aplicará sus normas en los puntos de entrada y salida, bajo un esquema en el que España ejercerá funciones clave en el control de fronteras exteriores.
Desaparece la Verja
La desaparición de la Verja es el elemento más simbólico del acuerdo. La actual infraestructura física entre La Línea y Gibraltar quedará eliminada, sustituyéndose por un sistema de controles situados en el aeropuerto y el puerto del Peñón. España aplicará el Código de Fronteras Schengen en esos puntos, lo que significa que el control exterior del espacio europeo se realizará allí. Los controles de entrada se efectuarán de manera coordinada entre las autoridades británicas en Gibraltar y las españolas, y lo mismo ocurrirá en las salidas, con un esquema secuencial.
La circulación entre Gibraltar y los países que aplican plenamente Schengen se realizará sin controles internos. Sin embargo, el acuerdo contempla la posibilidad de restablecerlos de forma temporal en caso de amenaza grave para el orden público, la seguridad o la salud pública, siguiendo el modelo previsto en la normativa europea.
Gibraltar adopta un impuesto equivalente al IVA
Uno de los puntos más sensibles del tratado es el fiscal. Gibraltar implantará un impuesto indirecto equivalente al IVA, cuyo tipo estándar no podrá situarse por debajo del mínimo aplicado por un Estado miembro de la Unión. El texto prevé una transición progresiva: 15% el primer año, 16% el segundo y 17% el tercero.
Las accisas también deberán alinearse con la normativa europea. Desde la entrada en vigor del acuerdo se aplicarán los mínimos comunitarios y, en un plazo de tres años, los niveles deberán converger hacia cifras próximas a las españolas.
El tabaco, tradicional foco de fricciones por la diferencia de precios entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar, quedará sometido a un sistema de impuestos armonizado con mínimos europeos estrictos, reduciendo de manera significativa el margen para distorsiones comerciales.
Supervisión, salvaguardas y mecanismos de corrección
El tratado también incorpora un sistema de evaluación y control continuo. Se crearán comités especializados encargados de supervisar la aplicación del acuerdo, evaluar posibles distorsiones y proponer ajustes si fueran necesarios.
Si se detectaran incumplimientos graves o riesgos para la integridad del espacio Schengen, cualquiera de las partes podrá suspender temporalmente determinadas obligaciones. Además, tras un periodo de evaluación, la Unión Europea —incluyendo a petición de España— podrá incluso poner fin al acuerdo.
El texto subraya expresamente que el acuerdo no prejuzga las posiciones sobre soberanía y jurisdicción. España mantiene su reclamación histórica sobre Gibraltar, mientras que el Reino Unido preserva su postura tradicional. Este equilibrio era una condición indispensable para que la negociación prosperara; integración práctica sin renuncia formal a las posiciones políticas de fondo.
Un nuevo modelo tras el Brexit
El tratado configura un modelo híbrido: elimina la frontera física, integra operativamente a Gibraltar en el sistema Schengen, impone una convergencia fiscal sin precedentes y establece mecanismos estrictos de supervisión y posible suspensión.
Para el Gobierno español, supone el fin del último muro físico en Europa continental y una oportunidad para reforzar la estabilidad económica del Campo de Gibraltar. Para Gibraltar y el Reino Unido, garantiza fluidez en la movilidad y seguridad jurídica tras la salida británica de la UE.
La línea que durante décadas separó físicamente ambos territorios se transforma ahora en un entramado jurídico complejo que busca compatibilizar integración, control y equilibrio político. La aplicación práctica del acuerdo será la verdadera prueba de un pacto que redefine una de las disputas históricas más prolongados de la política exterior española.
Estrella Digital
El acuerdo garantiza la libre circulación, fija una convergencia fiscal y mantiene intacta la posición española sobre la soberanía
La frontera física que durante décadas ha sido motivo de disputa entre España y Gibraltar tiene fecha de caducidad. El tratado hecho público por el Ministerio de Asuntos Exteriores elimina todas las barreras físicas en la circulación de personas entre la Unión Europea y el Peñón y diseña un nuevo modelo de relación tras el Brexit que cambia por completo el marco jurídico y económico de la zona.
El documento, de más de mil páginas, establece un sistema inédito: Gibraltar no formará parte formalmente del espacio Schengen, pero aplicará sus normas en los puntos de entrada y salida, bajo un esquema en el que España ejercerá funciones clave en el control de fronteras exteriores.
Desaparece la Verja
La desaparición de la Verja es el elemento más simbólico del acuerdo. La actual infraestructura física entre La Línea y Gibraltar quedará eliminada, sustituyéndose por un sistema de controles situados en el aeropuerto y el puerto del Peñón. España aplicará el Código de Fronteras Schengen en esos puntos, lo que significa que el control exterior del espacio europeo se realizará allí. Los controles de entrada se efectuarán de manera coordinada entre las autoridades británicas en Gibraltar y las españolas, y lo mismo ocurrirá en las salidas, con un esquema secuencial.
La circulación entre Gibraltar y los países que aplican plenamente Schengen se realizará sin controles internos. Sin embargo, el acuerdo contempla la posibilidad de restablecerlos de forma temporal en caso de amenaza grave para el orden público, la seguridad o la salud pública, siguiendo el modelo previsto en la normativa europea.
Gibraltar adopta un impuesto equivalente al IVA
Uno de los puntos más sensibles del tratado es el fiscal. Gibraltar implantará un impuesto indirecto equivalente al IVA, cuyo tipo estándar no podrá situarse por debajo del mínimo aplicado por un Estado miembro de la Unión. El texto prevé una transición progresiva: 15% el primer año, 16% el segundo y 17% el tercero.
Las accisas también deberán alinearse con la normativa europea. Desde la entrada en vigor del acuerdo se aplicarán los mínimos comunitarios y, en un plazo de tres años, los niveles deberán converger hacia cifras próximas a las españolas.
El tabaco, tradicional foco de fricciones por la diferencia de precios entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar, quedará sometido a un sistema de impuestos armonizado con mínimos europeos estrictos, reduciendo de manera significativa el margen para distorsiones comerciales.
Supervisión, salvaguardas y mecanismos de corrección
El tratado también incorpora un sistema de evaluación y control continuo. Se crearán comités especializados encargados de supervisar la aplicación del acuerdo, evaluar posibles distorsiones y proponer ajustes si fueran necesarios.
Si se detectaran incumplimientos graves o riesgos para la integridad del espacio Schengen, cualquiera de las partes podrá suspender temporalmente determinadas obligaciones. Además, tras un periodo de evaluación, la Unión Europea —incluyendo a petición de España— podrá incluso poner fin al acuerdo.
El texto subraya expresamente que el acuerdo no prejuzga las posiciones sobre soberanía y jurisdicción. España mantiene su reclamación histórica sobre Gibraltar, mientras que el Reino Unido preserva su postura tradicional. Este equilibrio era una condición indispensable para que la negociación prosperara; integración práctica sin renuncia formal a las posiciones políticas de fondo.
Un nuevo modelo tras el Brexit
El tratado configura un modelo híbrido: elimina la frontera física, integra operativamente a Gibraltar en el sistema Schengen, impone una convergencia fiscal sin precedentes y establece mecanismos estrictos de supervisión y posible suspensión.
Para el Gobierno español, supone el fin del último muro físico en Europa continental y una oportunidad para reforzar la estabilidad económica del Campo de Gibraltar. Para Gibraltar y el Reino Unido, garantiza fluidez en la movilidad y seguridad jurídica tras la salida británica de la UE.
La línea que durante décadas separó físicamente ambos territorios se transforma ahora en un entramado jurídico complejo que busca compatibilizar integración, control y equilibrio político. La aplicación práctica del acuerdo será la verdadera prueba de un pacto que redefine una de las disputas históricas más prolongados de la política exterior española.
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