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Investigación por cánticos islamófobos en el España–Egipto: el fútbol vuelve a enfrentarse a su lado más incómodo
Lo que debía ser una noche de celebración deportiva terminó dejando una sensación agridulce por unos cánticos islamófobos
El amistoso entre España y Egipto en el RCDE Stadium, con 35.895 espectadores en las gradas, acabó marcado por cánticos islamófobos, abucheos y tensión en la grada. Ahora, el foco ya no está en el balón… sino en los tribunales.
Un ambiente que se torció a los veinte minutos
El partido discurría con normalidad hasta que, desde el fondo donde se ubica la conocida ‘Curva’ del Espanyol, comenzó a escucharse un cántico tan repetido como polémico: “musulmán el que no bote”.
No fue un momento aislado. Se repitió. Insistente. Incómodo.
A eso se sumaron silbidos al himno de Egipto antes del inicio y algunos insultos dirigidos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El resultado: un clima enrarecido que contrastaba con el ambiente festivo que, en realidad, dominaba en la mayor parte del estadio.
Durante el descanso, la organización lanzó un mensaje claro en los videomarcadores: la ley prohíbe y sanciona conductas racistas, xenófobas o violentas en el deporte. Pero la advertencia no logró apagar del todo el ruido.
Investigación penal y posible delito de odio
La respuesta institucional ha sido rápida. La Mossos d'Esquadra ha abierto una investigación en coordinación con la Fiscalía de Odio y Discriminación para esclarecer si los hechos constituyen un delito de odio.
El trabajo ahora se centra en varios frentes:
Identificar a los instigadores de los cánticos
Analizar grabaciones del estadio
Determinar si hubo organización o reiteración suficiente
Si la vía penal no prospera, quedaría abierta la sanción administrativa basándose en la legislación contra la violencia en el deporte. Es decir, consecuencias puede haber… de una forma u otra.
La reacción del fútbol: condena y preocupación
La Real Federación Española de Fútbol no tardó en posicionarse. A través de sus canales oficiales condenó lo ocurrido y reiteró su compromiso contra el racismo.
Su presidente, Rafael Louzán, calificó los cánticos como “puntuales y aislados”, aunque reconoció el daño que provocan a la imagen del fútbol.
También desde el vestuario hubo reacción. El jugador Pedri fue claro: “Tenemos que ayudar entre todos para erradicar esto de los campos”. Una frase sencilla… pero que resume bien el problema.
Indignación política… y cruce de reproches
En el ámbito político, la condena ha sido prácticamente unánime, aunque con matices.
El ministro Félix Bolaños expresó su vergüenza por lo sucedido, mientras que Óscar Puente vinculó estos comportamientos a un clima social más amplio.
Desde el Partido Popular, Ester Muñoz también condenó los hechos sin matices, calificándolos de “lamentables”.
Pero el tono se endureció en otros frentes. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, lanzó una reflexión que ha dado que hablar, mientras que desde Vox, Ignacio Garriga respondió con declaraciones que han reavivado el debate político.
El resultado: condena general… pero también ruido. Mucho ruido.
Más allá del incidente: una imagen que preocupa
Lo cierto es que, pese a todo, la mayoría del público vivió el partido con normalidad. Hubo cánticos de apoyo, olas en la grada y ambiente de selección. Pero basta un pequeño grupo para empañar una noche entera.
Y es ahí donde está el problema.
Porque el fútbol —con toda su fuerza simbólica— no solo refleja lo mejor de la sociedad. A veces también deja ver sus grietas. Y cuando eso ocurre en un estadio lleno, con cámaras, con repercusión internacional… el impacto se multiplica.
La investigación sigue en marcha. Y, mientras tanto, queda una pregunta flotando en el aire: ¿hasta cuándo seguirá pasando esto?
Estrella Digital
Lo que debía ser una noche de celebración deportiva terminó dejando una sensación agridulce por unos cánticos islamófobos
El amistoso entre España y Egipto en el RCDE Stadium, con 35.895 espectadores en las gradas, acabó marcado por cánticos islamófobos, abucheos y tensión en la grada. Ahora, el foco ya no está en el balón… sino en los tribunales.
Un ambiente que se torció a los veinte minutos
El partido discurría con normalidad hasta que, desde el fondo donde se ubica la conocida ‘Curva’ del Espanyol, comenzó a escucharse un cántico tan repetido como polémico: “musulmán el que no bote”.
No fue un momento aislado. Se repitió. Insistente. Incómodo.
A eso se sumaron silbidos al himno de Egipto antes del inicio y algunos insultos dirigidos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El resultado: un clima enrarecido que contrastaba con el ambiente festivo que, en realidad, dominaba en la mayor parte del estadio.
Durante el descanso, la organización lanzó un mensaje claro en los videomarcadores: la ley prohíbe y sanciona conductas racistas, xenófobas o violentas en el deporte. Pero la advertencia no logró apagar del todo el ruido.
Investigación penal y posible delito de odio
La respuesta institucional ha sido rápida. La Mossos d'Esquadra ha abierto una investigación en coordinación con la Fiscalía de Odio y Discriminación para esclarecer si los hechos constituyen un delito de odio.
El trabajo ahora se centra en varios frentes:
Identificar a los instigadores de los cánticos
Analizar grabaciones del estadio
Determinar si hubo organización o reiteración suficiente
Si la vía penal no prospera, quedaría abierta la sanción administrativa basándose en la legislación contra la violencia en el deporte. Es decir, consecuencias puede haber… de una forma u otra.
La reacción del fútbol: condena y preocupación
La Real Federación Española de Fútbol no tardó en posicionarse. A través de sus canales oficiales condenó lo ocurrido y reiteró su compromiso contra el racismo.
Su presidente, Rafael Louzán, calificó los cánticos como “puntuales y aislados”, aunque reconoció el daño que provocan a la imagen del fútbol.
También desde el vestuario hubo reacción. El jugador Pedri fue claro: “Tenemos que ayudar entre todos para erradicar esto de los campos”. Una frase sencilla… pero que resume bien el problema.
Indignación política… y cruce de reproches
En el ámbito político, la condena ha sido prácticamente unánime, aunque con matices.
El ministro Félix Bolaños expresó su vergüenza por lo sucedido, mientras que Óscar Puente vinculó estos comportamientos a un clima social más amplio.
Desde el Partido Popular, Ester Muñoz también condenó los hechos sin matices, calificándolos de “lamentables”.
Pero el tono se endureció en otros frentes. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, lanzó una reflexión que ha dado que hablar, mientras que desde Vox, Ignacio Garriga respondió con declaraciones que han reavivado el debate político.
El resultado: condena general… pero también ruido. Mucho ruido.
Más allá del incidente: una imagen que preocupa
Lo cierto es que, pese a todo, la mayoría del público vivió el partido con normalidad. Hubo cánticos de apoyo, olas en la grada y ambiente de selección. Pero basta un pequeño grupo para empañar una noche entera.
Y es ahí donde está el problema.
Porque el fútbol —con toda su fuerza simbólica— no solo refleja lo mejor de la sociedad. A veces también deja ver sus grietas. Y cuando eso ocurre en un estadio lleno, con cámaras, con repercusión internacional… el impacto se multiplica.
La investigación sigue en marcha. Y, mientras tanto, queda una pregunta flotando en el aire: ¿hasta cuándo seguirá pasando esto?
Estrella Digital
