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- Out 5, 2021
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Steinmeier reconoce en Gernika la “responsabilidad histórica” de Alemania en un homenaje cargado de emoción
El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, ha viajado a Gernika para recordar el bombardeo de 1937 y subrayar la necesidad de proteger la paz y la memoria histórica
En un acto sobrio y profundamente simbólico, el mandatario alemán ha rendido homenaje a las víctimas y ha señalado que aquel ataque fue un “crimen brutal” contra la población civil.
Un gesto esperado durante décadas
El templete del cementerio de Gernika volvió a llenarse de un silencio espeso, de esos que pesan más que cualquier discurso. Allí, frente al mausoleo dedicado a las víctimas del bombardeo, Steinmeier se detuvo unos minutos. Dos funcionarios de la embajada alemana colocaron una corona de flores con la bandera de su país y, por un instante, el pasado pareció hacerse presente.
No pronunció la palabra perdón, pero sí dejó clara la asunción de una responsabilidad histórica que, según él, “no debe olvidarse jamás”.
El presidente alemán recordó que aquel ataque de la Legión Cóndor, en plena Guerra Civil, redujo la ciudad a escombros y dejó una huella que todavía sigue viva en cientos de familias. “Gernika es un recordatorio de lo vulnerables que pueden ser los inocentes cuando la guerra arrasa con todo”, expresó, con un tono que mezclaba solemnidad y cierta emoción contenida.
Testigos que aún conservan la memoria
Uno de los momentos más íntimos de la visita tuvo lugar en la Sala de la Reconciliación del Museo de la Paz de Gernika. Allí, Steinmeier se reunió con Crucita Etxabe y María del Carmen Aguirre, dos nonagenarias que sobrevivieron al bombardeo cuando eran apenas unas niñas.
Las dos mujeres le compartieron sus recuerdos de aquel día —fragor, humo, carreras, miedo— en una conversación que, según él mismo reconoció, fue “intensa” y profundamente humana. “Estaban felices por estar aquí y por sentir que su sufrimiento no cae en el olvido”, comentó después ante los medios.
Un mensaje político con lecturas diversas
En el acto también estuvo presente el Rey Felipe VI, acompañado por autoridades vascas como el lehendakari Imanol Pradales. La imagen de ambos mandatarios —español y alemán— frente al memorial pretendía simbolizar unidad y respeto hacia las víctimas.
Sin embargo, no todas las reacciones fueron igualmente cálidas. Desde el PNV, su presidente Aitor Esteban lamentó que el Rey acudiera “como un mero acompañante”, sin hacer un gesto propio hacia la memoria del bombardeo o hacia el autogobierno vasco. Para la formación jeltzale, la visita del presidente alemán era un acto esperado desde hacía tiempo y cargado de valor, pero consideran que el jefe del Estado español podría haber ofrecido, al menos, unas palabras propias al pueblo vasco.
El peso de la historia
El acto de este viernes es, en cierto modo, la continuación del gesto iniciado en 1997, cuando el entonces presidente alemán Roman Herzog envió una carta reconociendo la responsabilidad de la Legión Cóndor en el ataque. Pero Steinmeier ha dado un paso más: ha pisado Gernika, ha mirado a los supervivientes y ha pronunciado en voz alta que lo ocurrido fue un “crimen brutal” cometido contra civiles.
Un detalle que no es menor en un país que sigue trabajando su memoria histórica. Y que, además, llega en un momento en el que Europa vuelve a debatirse entre viejos miedos y nuevas tensiones.
En palabras del propio Steinmeier:
“Recorro Gernika con humildad. No queremos olvidar, y no olvidaremos. La paz, la libertad y la democracia deben ser defendidas siempre.”
Estrella Digital
El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, ha viajado a Gernika para recordar el bombardeo de 1937 y subrayar la necesidad de proteger la paz y la memoria histórica
En un acto sobrio y profundamente simbólico, el mandatario alemán ha rendido homenaje a las víctimas y ha señalado que aquel ataque fue un “crimen brutal” contra la población civil.
Un gesto esperado durante décadas
El templete del cementerio de Gernika volvió a llenarse de un silencio espeso, de esos que pesan más que cualquier discurso. Allí, frente al mausoleo dedicado a las víctimas del bombardeo, Steinmeier se detuvo unos minutos. Dos funcionarios de la embajada alemana colocaron una corona de flores con la bandera de su país y, por un instante, el pasado pareció hacerse presente.
No pronunció la palabra perdón, pero sí dejó clara la asunción de una responsabilidad histórica que, según él, “no debe olvidarse jamás”.
El presidente alemán recordó que aquel ataque de la Legión Cóndor, en plena Guerra Civil, redujo la ciudad a escombros y dejó una huella que todavía sigue viva en cientos de familias. “Gernika es un recordatorio de lo vulnerables que pueden ser los inocentes cuando la guerra arrasa con todo”, expresó, con un tono que mezclaba solemnidad y cierta emoción contenida.
Testigos que aún conservan la memoria
Uno de los momentos más íntimos de la visita tuvo lugar en la Sala de la Reconciliación del Museo de la Paz de Gernika. Allí, Steinmeier se reunió con Crucita Etxabe y María del Carmen Aguirre, dos nonagenarias que sobrevivieron al bombardeo cuando eran apenas unas niñas.
Las dos mujeres le compartieron sus recuerdos de aquel día —fragor, humo, carreras, miedo— en una conversación que, según él mismo reconoció, fue “intensa” y profundamente humana. “Estaban felices por estar aquí y por sentir que su sufrimiento no cae en el olvido”, comentó después ante los medios.
Un mensaje político con lecturas diversas
En el acto también estuvo presente el Rey Felipe VI, acompañado por autoridades vascas como el lehendakari Imanol Pradales. La imagen de ambos mandatarios —español y alemán— frente al memorial pretendía simbolizar unidad y respeto hacia las víctimas.
Sin embargo, no todas las reacciones fueron igualmente cálidas. Desde el PNV, su presidente Aitor Esteban lamentó que el Rey acudiera “como un mero acompañante”, sin hacer un gesto propio hacia la memoria del bombardeo o hacia el autogobierno vasco. Para la formación jeltzale, la visita del presidente alemán era un acto esperado desde hacía tiempo y cargado de valor, pero consideran que el jefe del Estado español podría haber ofrecido, al menos, unas palabras propias al pueblo vasco.
El peso de la historia
El acto de este viernes es, en cierto modo, la continuación del gesto iniciado en 1997, cuando el entonces presidente alemán Roman Herzog envió una carta reconociendo la responsabilidad de la Legión Cóndor en el ataque. Pero Steinmeier ha dado un paso más: ha pisado Gernika, ha mirado a los supervivientes y ha pronunciado en voz alta que lo ocurrido fue un “crimen brutal” cometido contra civiles.
Un detalle que no es menor en un país que sigue trabajando su memoria histórica. Y que, además, llega en un momento en el que Europa vuelve a debatirse entre viejos miedos y nuevas tensiones.
En palabras del propio Steinmeier:
“Recorro Gernika con humildad. No queremos olvidar, y no olvidaremos. La paz, la libertad y la democracia deben ser defendidas siempre.”
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